"¡Démonos licencia para lograr acuerdos!" por Salvador Paiz

Hace dos semanas publiqué una columna dirigida a la Cámara Guatemalteca de la Educación (CGE), en la cual expresé mi rechazo ante la solicitud de antejuicio que dicha entidad interpuso contra la ministra de Educación. Mis argumentos tuvieron eco desde las redes sociales hasta la Corte Suprema de nuestro país. Me parece que se despertó un debate bastante constructivo. 

Es indudable que la exposición de ideas es importante. Como columnista, busco compartir mi análisis y posibles soluciones a las problemáticas que afrontamos como sociedad para fomentar un debate constructivo. En esa línea, me parece positiva la reacción que tuvo mi columna dirigida a la CGE por parte de otros compañeros columnistas, específicamente Virgilio Álvarez.
 
En su columna, Virgilio expone el hecho que “la formación de maestros de nivel primario sea ahora de nivel superior” no resuelve los problemas de educación que yo presenté. Explica que actualmente los bachilleres con orientación en educación no cuentan con docentes calificados para “hacerles superar la deficiente formación en la enseñanza de las matemáticas y el idioma español”. Según Virgilio la Facultad de Humanidades de la Usac “se ha apropiado” de la oferta, por lo que la coordinación con los centros regionales (que cubren la minoría) es ausente. Además, hace énfasis en que los pésimos resultados de los alumnos del nivel medio se deben a que el sistema educativo (tanto privado como público) no cuenta con profesores de enseñanza media auténticamente especializados. 
 
Yo afirmo que los malos resultados de los alumnos de nivel medio son producto, en parte, de docentes que no fueron debidamente formados para crear las bases del aprendizaje en los niños y niñas a nivel primario. Sin embargo, en Guatemala carecemos de la información necesaria para respaldar mi afirmación. Lejos de rechazarla, considero que debe motivar la siguiente reflexión: ¿dónde están las evaluaciones de los maestros y profesores para nutrir la toma de decisiones? ¿por qué no estamos evaluando a nuestros educadores en todos los niveles? Me parece entonces que ambos tenemos objetivos en común. Como Virgilio menciona, no hay verdaderas políticas públicas que se orienten a resolver el problema de la calidad educativa. Por esa razón, como país debemos empezar a consensuar las reformas adicionales que serán necesarias en la formación inicial, formación continua, selección y evaluación de los maestros. Sin lugar a dudas, el sistema educativo debe ser fortalecido en muchos sentidos. Me alegro de coincidir con Virgilio que es necesario un cambio de urgencia tanto en la formación de maestros y profesores, como en su selección. 
 
En mi opinión, cambiar la educación que recibe nuestra niñez y juventud, comienza por dotar a nuestros maestros con las mejores herramientas y formación posible. Si la Usac no está en la capacidad para hacerlo, debemos quizás robustecer la oferta al activar opciones como la UVG o la Unis. Podríamos también aprender de las prácticas de otros países como Finlandia, líderes en calidad educativa, al traer formadores del extranjero para que el nivel de nuestros docentes suba. Si queremos tener niños mejor educados, los formadores de nuestros formadores deben ser los mejores. 
 
Recibí mucha retroalimentación sobre las debilidades de nuestro actual sistema educativo. Difícilmente podemos ignorar que llevamos décadas de atrasos y de políticas erradas. La gran pregunta es: ¿qué tenemos que hacer para que la situación cambie? Corregir las actuales fallas será un proceso largo y que deberá ser cuidadosamente administrado y que no puede ser minimizado a “cambiar una envoltura”. Será un proceso de cambio que debe de construir sobre lo que hoy tenemos pero que también debe de incorporar los aprendizajes y mejores prácticas internacionales para no cometer errores innecesarios. El debate técnico y soportado en esas evidencias internacionales es una precondición sine qua non para trazar una hoja de ruta para mejorar la calidad educativa en nuestro país. Démonos licencia para compartir nuestras diferencias, démonos licencia para debatir con seriedad y, sobre todo, ¡démonos licencia para lograr acuerdos!

Fuente: Artículo escrito por Salvador Paiz en elPeriódico, 02/07/2015

Fecha del Artículo: 
Jueves, Julio 2, 2015

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